EL AQUÍ Y EL AHORA. TODO ES RELATIVO. EL TIEMPO ES RELATIVO. NOS ENAMORAMOS DE LAS ALMAS. Y UN PÁJARO MUERTO

Hace un año, en ABRIL, me hice un tatuaje. Una línea rodeando todo mi brazo derecho con una rosa de los vientos el antebrazo interior. Mi significado: serendipity. En un tiempo y en un lugar. Y cuando coinciden esas dos dimensiones, tiempo y espacio, se da un fenómeno mágico, y pasa lo que tenía que pasar, lo que está escrito en el carro del destino que no para de girar. EL AQUÍ Y EL AHORA.

Hoy fui a correr y al volver, como me dolía la rodilla, paré a estirar dónde nunca me paro, una jardinera con forma de semicírculo en frente de un paso de peatones.

Pierna derecha. Cuadriceps. Una abeja. Qué bonita. Ui! que no me pique que soy alérgica.
Pierna izquierda. Tururú. Un pájaro muerto. Ole. ¿Por qué tengo que ver yo hoy esto?

Como nunca me paro ahí hoy me paré y vi un pájaro muerto, que supongo que no está ahí todos los días, supongo otra vez, que tengo que aprehender en el aire una valiosa lección. Mi padre, más sabio que yo en cosas zen, me indica que el sentido de la vida es aceptar la muerte y comprender la crueldad de la naturaleza. Y además debemos ver lo positivo, el pájaro ladeado con una ala cubriendo su rostro seco y frío, daba de comer a un enjambre de hormigas hambrientas, que atravesarían su plumaje espeso sin dificultad (imagino yo). Más aún, apostilla que no debo mantener esa actitud protectora conmigo misma de no querer ver la realidad, porque por mucho que no mire, sigue estando ahí. Lo malo es tener una piel hipersensible que no tolera la mínima brutalidad en el reino animal.

Y entonces rememoro pasajes extraños de libros que hacen apología del LSD (Ética para Alicia_ Racionero) y citan batallas entre familias: “Mata a tus primos, qué más da, ellos ya están muertos en algún punto de la línea del tiempo” ( o algo así). EL TIEMPO ES RELATIVO, pero el LSD peligroso.

Y entonces, mirando a mi gato más gordo y pensando en la flaca con piel dañada, pienso,
no quiero perderlo
es el Lucky,
tiene su personalidad y su forma de ser, por fuera es un gato,
pero si se fuera echaría de menos todo lo que es.

¡VOILÁ!                  NOS ENAMORAMOS DE LAS ALMAS.
Nos encaprichamos de eso que no podemos retener pero que podemos sentir. De la idea de una persona en nuestra cabeza. ¡Mira que somos narcisistas! Nos enamoramos del espacio que esa persona ocupa en nuestra mente. De una descripción narcisista y subjetiva de un ente externo. Una imagen lo más bucólica posible del ser querido.

Y cuando se muere el pájaro, ¿qué hacemos con ese compartimento de pájaro que ocupaba dentro de nosotros? ¿También se muere? Quizá sea esa la pérdida que sentimos tan NUESTRA, la de el borrón de un cajón de nuestra recóndita cabeza. Una parte de nosotros en la que habíamos puesto tanto y de la que ahora debemos prescindir o reubicar. El alma de la que me enamoré abandona mi mente y por eso se queda vacía.

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Psychologist / Ph.D. Student / Writer / Fashion, Art & Cinema lover / Vegetarian /

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